Marcelo Ruiz, con su socio Carlos Miotti, viene creciendo hace 30 años
en el difícil norte córdobés. Desde la siembra directa hasta el riego,
más reciente, fueron abrevando de cada innovación.
“A principios de los noventa, cuando llegó la
siembra directa a esta zona, se generó un gran cambio productivo: ahí
se logró que el lote te diera un veinte por ciento más de producción, y
sin erosión”, recuerda el productor del norte cordobés Marcelo Ruiz. A
su lado, su socio, Carlos Miotti, aclara: “El negocio en realidad cambió
en el 96, con la soja RR”.
Ruiz y Miotti trabajan juntos desde hace treinta años en la zona de
Jesús María, y su estrategia empresaria parece incluir como requisito
mantenerse a la orden del día con los hitos que transforman
permanentemente el negocio agropecuario. Tanto años de evolución y
crecimiento de la mano de los avances tecnológicos los llevan, ahora a
la incorporación del riego en buena parte de sus lotes, para sacar el
máximo provecho de los recursos y hacerlo durante todo el año.
Ruiz y Miotti se conocen desde la juventud y empezaron vendiendo
insumos en un pequeño depósito, en los comienzos agrícolas de lo que era
una zona tradicionalmente ganadera. Cinco años después empezaron a
producir alquilando algunas hectáreas o asociándose con sus clientes.
Los dos socios ponían los insumos y el cliente ponía la tierra. Hoy,
además de ser de los mayores proveedores de insumos de la zona, cuentan
con un plantel de treinta personas y producen maíz, soja, trigo, girasol
y garbanzo en 10.000 hectáreas entre Jesús María y Río Seco, una
localidad ubicada 140 kilómetros hacia el norte que marca la frontera
agrícola cordobesa. “La empresa tuvo siempre un crecimiento sostenido, a
la par del desarrollo de toda la zona, pero el crecimiento más grande
de la parte productiva se dio en los últimos diez años”, dice Miotti.
Los suelos de Jesús María -explican los productores- son bastante
buenos, pero las lluvias son muy estacionales y caen solo en primavera y
verano. El promedio de precipitaciones ronda los 800 milímetros
anuales. “Por eso, en general se hace solo un cultivo anual de verano,
pero bien hecho”, dice Ruiz.
En ese contexto, la incorporación de equipos de riego llegó para
cambiar por completo la ecuación productiva. Ruiz comenta que este
verano viene con buenas lluvias y que la soja sembrada en los primeros
días de diciembre aun no necesitó ser regada, pero afirma que con la
incorporación de pivotes han podido sumar en el invierno el cultivo de
trigo, algo de garbanzo y girasol confitero. “Además de eso, hacemos los
clásicos: soja y maíz. Y aprovechando el riego también estamos
produciendo semillas de maíz para Monsanto”, explica el productor.
Actualmente, la empresa tiene 1.200 hectáreas bajo riego, y para el
año que viene seguramente llegarán a cubrir 1.500 hectáreas con equipos
de última generación. “El riego es una herramienta fabulosa, pero se
tienen que dar varias condiciones: tiene que haber buena agua,
electricidad… La inversión es de entre 2.000 y 3.000 dólares por
hectárea”, dice Ruiz.
La napa en estos campos está a unos 40 metros de profundidad, pero
las perforaciones son de hasta 180 metros. Luego, cuando el riego ya
está disponible, se debe calcular bien el uso del recurso; por eso,
antes de empezar cada campaña se hace un análisis de agua disponible.
Este año, Ruiz y Miotti les dieron al trigo unos 300.
La zona en la que trabajan tiene un alto porcentaje de maíz y, de
hecho, la venta de semillas del cereal es uno de los principales
negocios de la empresa. Por eso, Ruiz y Miotti dedican casi la mitad de
su superficie a este cultivo. “Siempre nos resultó negocio, y además es
positivo para el sistema productivo. El maíz tiene un rinde más
estable”, dice Miotti. Ruiz remarca que la Argentina tiene un problema
gravísimo de monocultivo de soja, y que las condiciones están dadas para
hacer mucho más maíz. “Acá por suerte el problema no se da tanto.
Además, tenemos la opción de dejar el maíz para más tarde”, dice.
El manejo de la empresa tiene algunas diferencias según las zonas que
trabaja, ya que los lotes de la región de Río Seco no tienen la misma
aptitud que los de Jesús María: mientras que en Jesús María la siembra
de soja y maíz comienza en octubre, en los lotes del norte la siembra de
maíz solo se hace a partir de diciembre.
Además, el cereal se siembra allí con una menor densidad de semillas.
“De casualidad nos dimos cuenta que con menos plantas, en ese ambiente,
el maíz rinde mejor. Estamos poniendo alrededor de 53.000 semillas por
hectárea, que es un 20 por ciento menos que lo que sembramos acá, y así
hemos logrado maíces de arriba de 9.000 kilos”. En Jesús María, ese
cultivo puede alcanzar rendimientos de 12.000 kilos.
En cuanto a la soja, en años buenos los lotes cercanos a Jesús María
dan alrededor de 3.000 kilos, mientras que en el norte los rendimientos
varían más y pueden dar entre 1.500 y más de 3.000 kilos.
En trigo, con riego, se pueden lograr en esta zona hasta 6.000 kilos
por hectárea, y además deja una muy buena cobertura de rastrojo. El
garbanzo, por su parte, no debería dar menos de 3.000 kilos con riego,
pero es un cultivo muy sensible a las heladas tardías.
“Hay años que hacés 3.000 kilos por hectárea y lo vendes a 700
dólares, pero también puede pasar que hagas 1.500 kilos y lo vendas a
300 dólares, como nos pasó en esta campaña. No hay forma de encontrarle
la vuelta para combinar rinde, precio y calidad, que también es algo
difícil de lograr. Este año tuvimos cuatro heladas al hilo en
septiembre”, comenta Ruiz respecto de la especialidad.
La otra carta que llegó con el riego es el girasol, que se está por
cosechar y hasta ahora viene bastante bien. Ruiz calcula que dará unos
3.000 kilos. “Además es un cultivo corto que encaja muy bien en la
rotación”, agrega.
Lejos de relajarse, Miotti y Ruiz ya piensan los próximos pasos para
seguir yendo siempre a la vanguardia tecnológica, y por eso están
haciendo el mapeo satelital de sus campos para incorporar próximamente
la siembra y la fertilización variable.
En el norte de Córdoba, un ambiente duro y habitualmente seco, el
combo innovación más riego consolidó rendimientos agrícolas que parecen
de otra región y, además, muestra el camino por el que puede seguir
creciendo el negocio sin olvidar una pata muy declamada y poco
practicada: la de la sustentabilidad.
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El desafío agronómico que explotó
Al igual que en la mayoría de las zonas productivas, en el norte
cordobés las malezas también están en el centro de la escena agronómica.
“El problema, sobre todo en los lotes del norte de la provincia, es que
tenemos que tener barbechos limpios hasta diciembre; entonces es mucha
ventaja que le damos a la maleza, porque mientras más tarde entra el
cultivo en los lotes, más tiempo tienen las malezas para progresar”,
explica el productor Marcelo Ruiz.
En la lista negra están el sorgo de Alepo resistente, la rama negra, borreria y gomphrena, entre varias otras.
“Hoy, el glifosato sigue siendo la base del esquema para el control
de malezas, pero se debe combinar con otros principios activos, rotar el
modo de acción de los herbicidas. Además, hay que estar atento y actuar
con rapidez en los casos puntuales. Eso está claro”, dice Ruiz. Y
agrega: “Hay que recorrer mucho más los lotes y tratar de frenar el
desarrollo de las malezas en sus etapas iniciales. Eso es mucho más
complejo que el trabajo que habitualmente se hace, pero es necesario si
se pretende encarar la cuestión con seriedad”.
La fumigadora y los 5.000 camiones
La empresa que dirigen Marcelo Ruiz y Carlos Miotti se caracteriza
por una gran diversificación de actividades. Además de la venta de
insumos y la producción de granos y de semillas, otra cosa que hacen
desde sus inicios en Jesús María es brindar servicios de pulverización.
“Cuando comenzamos nos pareció que era muy importante la calidad en
la aplicación de los productos, y para eso necesitábamos una máquina
propia. Había pocos productores que tuvieran su pulverizadora; entonces
empezamos a brindar el servicio, y hoy por hoy ya debemos haber pasado
el millón de hectáreas trabajadas. Ahora tenemos tres máquinas y hacemos
alrededor de 80.000 hectáreas por campaña”, cuenta Miotti.
Además de las pulverizadoras con las que prestan servicios y de los
equipos de riego que incorporaron en los últimos años, la empresa
también cuenta con cuatro sembradoras y dos cosechadoras con las que
hacen gran parte de las labores.
“Las hectáreas que se hacen más al norte se cosechan más tarde, y de
esa manera los equipos no se solapan. Igualmente, la prioridad es
cosechar en el momento justo. Si no lo podemos hacer con nuestra propia
máquina, contratamos el servicio”, explican.
A su vez, aprovechando la relación que la venta de insumos les genera
con los productores de la zona, los empresarios ofrecen el servicio de
comercialización: reúnen volumen de granos para venderlos mejor. “La
empresa mueve aproximadamente unas 70.000 toneladas anuales, y la
producción propia es de unas 40.000. A eso hay que sumarle lo que
producimos para Monsanto. En total terminamos moviendo como 150.000
toneladas, que son unos 5.000 camiones. Es toda una logística”, dice
Ruiz.